El solsticio de invierno y los misterios de Navidad

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Desde hace tiempo, los antiguos comenzaron a adorar al sol como una representación fisiológica del “Que da vida o Dador de Vida”. Estos trazaron un movimiento anual del sol en relación con la tierra. Observaron que a fines de otoño los días se acortaban y el sol se hundía en el cielo. Para ellos, el sol parecía estar muriendo. El 21 de diciembre, cuando “El sol se detuvo”, los antiguos creían que el sol había “muerto” y que la oscuridad se apoderaría de la tierra.
Los siguientes tres días; 22 – 23 y 24, el sol parecía haberse detenido precariamente. Las noches no duraron más, pero tampoco los días. El 25 de diciembre, el sol se levantó un poco antes y ascendió un poco más alto en el cielo que el día anterior. -¡Ah! ¡El sol nació otra vez!
Este renacimiento del sol el 25 de diciembre fue celebrado como el renacimiento de la ‘Luz del Mundo’ cuando la inminente oscuridad que envolvía al mundo reinaba.
Este evento anual de la muerte y el renacimiento de la ‘Luz del Mundo’ dio a lugar a la celebración anual del Festival del Solsticio de Invierno. También se llamó la ‘Fiesta de las Luces’. Esta celebración fue destacada por hogueras comunales, fuegos sagrados en los templos y antorchas ardiente y velas para los hogares, todo en honor al renacimiento del ardiente sol, el símbolo atemporal de su ‘dador de vida’.
El festejo, la entrega de obsequios y muchas veces el jolgorio excesivo se convirtieron en parte de esta celebración. Los árboles de hoja perenne (pinos y abetos) fueron considerados sagrados, ya que permanecieron para siempre verdes durante todo el año. Cada año se talaba un pino, se lo llevaba a los templos y se decoraba con una estrella en la parte superior, porque los antiguos sabían que una estrella era simplemente un sol naciente.

Así evolucionaron las antiguas religiones de los Dioses Solares (Dioses del Sol). Estas religiones del “Sol” abundan con leyendas de un Hombre Solar. Las antiguas tradiciones religiosas están repletas de historias sobre el Dios Hindú del sol, ‘Krishna’, el egipcio Horus, el griego Helios, el persa Mithra, el druida Hesus y el nórdico Yule. El cumpleaños de estos “Dioses del Sol” o “Hombres Solares” (ya sea que vivieran o no) se celebró el 25 de diciembre. A menudo eran llamados “La luz del mundo” o “El salvador del mundo” desde la oscuridad.

Se dice que estos “Hombres Solares”, en parte divinos y en parte humanos, nacieron de una virgen. El 25 de diciembre, la constelación de Virgo (la virgen) está en su apogeo máximo, es decir, el renacimiento del sol ocurre bajo la influencia de Virgo. Cuando la constelación de virgo (La virgen) está en su ascendencia, influye y causa el surgimiento, el nacimiento del sol. Ciertas celebraciones del Dios Sol incluyeron escenas llamativas y dramáticas de un bebé divino (el sol en su punto más débil o renacido) en un pesebre y una madre al lado. Los rituales comunales, como los servicios de medianoche del 24 de diciembre, se celebraban en grutas, templos de cuevas o templos de vírgenes con velas y nubes de incienso. Por la mañana, después de orar toda la noche, la gente comenzó a regocijarse porque la virgen “había dado a luz al eterno” (el Hijo Divino del Sol). Estos motivos de las religiones de ese tiempo eventualmente encontrarían su camino en la ‘tradición’ cristiana.
Comprender los orígenes antiguos y simbólicos de la Navidad no denigra ni disminuye la devoción tradicional a la celebración del cumpleaños del ‘Niño Jesús’. Más bien, nos ayuda a ver más allá de la aceptación literal de un evento o celebración y verlo en un contexto más amplio e integrativo.

Esta simbología sagrada del sol representa a todos y cada uno de nosotros: Nuestro espíritu, nuestro verdadero Ser, el Dios interno, una “chispa de luz”. Nosotros, por nuestra propia naturaleza, hechos “a la imagen y semejanza de Dios”, somos espíritu: ¡Luz eterna, inmortal y divina! Toda la tradición del Solsticio de Invierno, este festival de luces, es una celebración anual del renacimiento de la “luz interior” que es la esencia misma de nuestro ser. La tradición de dar regalos y camaradería nació del deseo de honrar la “Luz” dentro de nuestros vecinos, amigos y seres queridos. Cada vez que vemos luces de Navidad estampadas en edificios de oficinas, en las ventanas y en los contornos de las casas o envueltos en árboles y arbustos, celebremos el renacimiento de nuestro propio Ser Divino, nuestra propia ‘Luz interior’. Cuando enviamos tarjetas de “Navidad” o “Saludos de temporadas” o deseamos a alguien “Feliz Navidad” o “Felices Fiestas”, no olvidemos el significado más profundo de nuestros saludos (tanto escritos como orales). “Ustedes son la Luz del mundo … Dejen que su luz brille”.
A medida que entramos en la temporada navideña o de Navidad, recordemos sus orígenes antiguos y simbólicos: La celebración del solsticio de invierno, una celebración anual de la muerte y el renacimiento del sol, la “Luz del Mundo”.
En el simbolismo sagrado y místico de la tradición intemporal del Solsticio de Invierno, el momento de celebrar el renacimiento anual de “El Cristo que está dentro de ti” es ahora.


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